Siempre que estamos en otro país, lo miramos en relación al nuestro. En el caso de República Democrática del Congo esta mucho menos “avanzado” que Colombia. Sin embargo, al conocer un poco más su realidad y sus instituciones cuestiona la noción de desarrollo en términos de economía y de infraestructura.
Saliendo del aeropuerto de Kinshasa (N´Diji) la falta de infraestructura de este país es obvia. No hay andenes donde caminar, solo las calles principales tienen asfalto, no hay semáforos, nadie respeta la vía y mucho menos existe un sistema de transporte público organizado. Llegar a esta ciudad es retroceder en el tiempo más de 30 o 40 años en la capital colombiana. Y aquí aparece el punto de referencia. “En Bogotá somos mucho más organizados, respetamos las reglas, no hay tanto desorden….es que en comparación a esta ciudad, ¡vivimos en Estocolmo!”.
Los estantes de los supermercados siempre están medio vacíos, la oferta es mínima, no se compra lo que se busca sino lo que se encuentra. Si se quiere ver una película o simplemente escuchar música, viene el corte de luz, que son muy frecuentes, incluso en el centro de la ciudad (Comunidad La Gombe) que es donde se presta únicamente este servicio. En la temporada de lluvias, después de cada tormenta las calles quedan totalmente inundadas, y no existe alcantarillado.
A pesar del evidente atraso físico que tiene este país en relación a Colombia, existen otros aspectos en los cuales no somos muy distintos. De ahí, mi reflexión acerca del concepto de desarrollo. Pues nunca nadie presenta esta idea en términos de fortaleza y capacidad institucional. En este sentido, el sistema político congolés padece de los mismos males del nuestro. Temas como: la falta equidad de género, el clientelismo, la corrupción, el abuso de poder, la falta de cultura política, la poca consciencia del voto y el constante cambio de las leyes electorales para favorecer los manzanillos regionales, esto, en un contexto de atomización de los partidos políticos, debilidad institucional, una falta importante de legitimidad y representatividad de las instituciones. Hacen de esta república africana, muy parecida a Colombia.
En RDC, esto se materializa en la existencia de 40 ministerios, de los cuales una mínima parte tiene impacto real en la sociedad, lo que refleja un alto número de cuotas burocráticas. De igual manera, la existencia de 800 partidos políticos, de los cuales 65 hacen parte de coalición de gobierno, haciendo de estas organizaciones grupos totalmente débiles y sin un fin claro.
Produciendo así, una baja gobernabilidad, pues esta sólo se realiza a través de dádivas gubernamentales. Pues la vocación de poder se traduce en un medio de subsistencia y de incrementar la riqueza gracias a los cargos que se pueden llegar a ocupar en el gobierno nacional o en los distintos gobierno provinciales.
A pesar del alto número de instituciones que podrían canalizar las demandas sociales, la población tiene que sobrevivir sus días sin la presencia de las autoridades, la violencia desborda al país en manos de las 5 guerrillas que operan en el este y el ciudadano de a pie debe buscar soluciones en organismos internacionales.
La debilidad institucional también se refleja por medio del actual presidente congolés, Joseph Kabila quien reformó la constitución para perpetuarse en el poder y redujo de 2 a 1 las vueltas de elecciones, para aumentar sus posibilidades de victoria en las próximas elecciones, en las cuales aspirará a su tercer mandato.
Estos temas son discutidos a diario en foros provinciales y nacionales, en la Asamblea Nacional (el órgano legislativo de la RDC), en la Academia y en Centros de Investigación. Sin embargo, no se ha encontrado ninguna solución para esas debilidades, lo que me hace preguntar: ¿Qué tan avanzados estamos nosotros?.
Al otro lado del océano, en Colombia, se siguen los mismos paradigmas que los partidos políticos congoleses, sin necesariamente estar en la misma situación. Esto significa que la dirección que tienen ambos sistemas es la misma, cosa que me preocupa debido al “supuesto” progreso que tenemos frente a estos países.
A pesar que no poseemos un gran número de ministerios, existen cargos que son asignados por el mismo principio: las cuotas. Por ejemplo, las antiguas CAR, donde los nombramientos políticos fueron unas de las principales causas de liquidación, la asignación de notarías personas cercanas a miembros del Congreso de la República, o las misiones diplomáticas donde curiosamente siempre aparecen hijos, primos, esposas, etc. de personas prominentes de la política colombiana, a pesar de la falta de preparación para estos cargos.
En cuanto a los partidos políticos, siguen el mismo ritmo de los del país africano. Es decir, se acercan al gobierno en la medida que se tenga cuota burocrática, más no por su afinidad ideológica y programática. Como la molestia latente que tiene el Partido Conservador por su poca representación en el gobierno, especialmente, viniendo de 8 años de gran presencia en el ejecutivo.
En el lado de la oposición las cosas no están mejor. Nosotros no tenemos 735 partidos políticos en oposición, pero al igual que en la RDC, no existe una unidad ideológica, ni práctica. El Polo Democrático Alternativo, quien ejerce este rol, poseía dos vertientes muy fuertes (la moderada y la radical), donde finalmente ganó la liderada por Carlos Gaviria, Jorge Robledo y el MOIR (ala radical); mientras que Gustavo Petro renunció al partido para crear un movimiento más cercano al centro del espectro ideológico. Sin nombrar el desastre de los Hmnos. Moreno.
Colombia, según el gobierno posee altos índices de gobernabilidad. Sin embargo, la realidad presenta otro diagnostico. La guerra en Colombia continúa, con los mismos actores pero con distinto nombre. Los desplazados y poblaciones menos favorecidas siguen buscando por si mismos las soluciones que el Estado no puede suministrar. Aún más, Colombia es el país con mayor número de desplazados después de la República Democrática del Congo. Esto no es sinónimo de una respuesta eficaz de las instituciones a las necesidades de la población.
La debilidad institucional no sólo se refleja en la incapacidad de respuesta, sino que se muestra en el constante cambio de las reglas electorales y políticas. La aprobación de la reelección de Álvaro Uribe, al igual que la de Joseph Kabila muestra una incapacidad de las instituciones de parar los impulsos caudillistas de algunos dirigentes, una falta clara de frenos y contrapesos.
RDC es un país que el año pasado cumplió sus 50 años de independencia, mientras que nosotros tenemos 200 años de vida republicana. ¿Cuál es el avance en la política? O será simplemente que ya los males de la democracia están tan acoplados en nuestro sistema que pareciera dar la imagen de fortaleza institucional. Entonces, ¿Qué tan avanzados somos? ¿El desarrollo se mide sólo por la cantidad de asfalto en las calles? ¿Las instituciones hacen parte del avance de un país? ¿El régimen político es ajeno al progreso de un país? ¿Colombia es tan distinta de la República Democrática del Congo?
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