sábado, 14 de mayo de 2011

CRECIMIENTO CON GUERRA



Es una de las paradojas que nos presenta el país. Existe un crecimiento sostenido arriba del 4% durante los últimos años (http://economiacritica.net/web/index.php?option=com_content&task=view&id=205&Itemid=38), en medio de la guerra que en últimos meses ha aumentado  y  ha mutado al fenómeno de las BACRIM,  la violencia urbana y  las narco-guerrillas. Es decir, en medio del auge económico colombiano y las inmensas perspectivas que se tienen, la violencia sigue arraigada a todo el sistema de producción nacional.
El crecimiento económico se centra en la explotación minera y la exportación de materias primas. Este sector se ha convertido en el principal atractivo para los inversionistas extranjeros, quienes hacen grandes inyecciones de capital y tecnología en el país, según información de PORTAFOLIO (http://www.portafolio.co/archivo/documento/CMS-7697428).
Por otro lado, si se analiza la posición de las BACRIM y las guerrillas se ubican en las mismas zonas de explotación minera, como lo presenta el informe No. 1: Disidentes, Rearmados y Emergentes ¿Bandas Criminales o Tercera Generación Paramilitar?. Esto no puede suceder como una simple coincidencia, pues son zonas estratégicas para el Estado, para la empresa privada y para los grupos armados.
Son territorios de una inmensa riqueza que a la vez son escenarios de cruentos asesinatos y enfrentamientos, tal como lo denuncia la revista SEMANA (http://www.semana.com/nacion/radiografia-llamadas-bacrim/154287-3.aspx), en donde se registran acciones contra la fuerza pública y la población. Tendiendo en cuenta esto, ¿Por qué la guerra y la locomotora pueden convivir en espacios tan reducidos?
Esto se puede encontrar en los departamentos del Choco (Los Rastrojos) y Putumayo (Aguilas Negras, FARC y aliados de ERPAC) donde se explota el oro, Vichada y Guanía donde se encuentran minas de oro y coltán (que no entiendo porque nadie habla sobre este último) donde se ubica el ERPAC (Ejercito Revolucionario Popular Anticomunista) y tradicionalmente el fortín del ELN ha sido Arauca y su riqueza petrolera.
Esto no significa que los cultivos de coca hayan perdido su vigencia. Pero es importante resaltar este nuevo fenómeno de ocupación minera por parte de actores armados y posiciones estratégicas que tienen los grupos armados.
La relación auge económico – violencia es difícil de establecer porque se tienen Estados que no ejercen totalmente el control y el monopolio de la fuerza en esos territorios, existen altas inversiones por parte del sector privado, grupos armados fuertes, poblaciones vulnerables y regiones de difícil acceso. Sin embargo, existen antecedentes como es el caso de Chiquita Brands, donde estos tres sectores confluyeron.
Lamentablemente, no somos el único país que presenta este fenómeno. Pues cada  vez más la liberalización de la economía, sumado a la gran adaptabilidad del capital, hacen que varias naciones alrededor del mundo presenten escenarios parecidos al nuestro.
Por ejemplo  Angola, con ex-miembros de la guerrilla de la UNITA (http://www.unhcrrlo.org/Post_Conflict_Reconstruction/Docs/Angola.pdf) sigue presentando violencia en sectores del país, a pesar de su gran crecimiento económico gracias al petróleo y a los diamantes. En el mismo continente africano, Sierra Leona, presenta altos índices de violencia vinculados a la explotación minera ilegal de pequeños yacimientos (Artisanal Gold Mining: A New Frontier in Post-Conflict Sierra Leone? – Journal of Development Sutides)
La República Democrática del Congo,  no se escapa a esta dinámica. Es uno de los mayores exportadores de diamantes del mundo, es el primer exportador de Uranio y de Coltan del mundo. Sufrió una guerra en los últimos años del S. XX y pimeros del S.XXI, que es conocida como la Segunda Guerra Mundial Africana.
Desde esa época, perduran varios grupos rebeldes como: los Tigres Katangueses, los Mai Mai y las guerrillas de Sudan, Uganda y Rwanda que encuentran en refugio y realizan sus actividades delictivas en RDC en las provincias de Katanga, la Provincia Oriental, Nord y Sud Kivu, donde existen las grandes minas y explotaciones de petróleo.
En Asia,  en Filipinas existe el Frente de Liberación Islámico Moro.  Donde este grupo pelea por la reivindicación del Islam en el país y hace parte de la red terrorista de Al Qaeda, según el gobierno de Estados Unidos (http://www.washingtontimes.com/news/2008/oct/30/new-violence-in-philippines-sparks-terrorism-fears/). Este grupo se ubica en el sur del país, donde se ubica el aeropuerto de Davao, uno de los terminales aéreos con más tráfico de Asia, reflejando así su fortaleza económica.  De igual manera, esta zona está recibiendo gran cantidad de inversión en agroindustria e infraestructura, según la Agencia de noticias Xinhua, lo que refleja el crecimiento más rápido del sudeste asiático con el 7.3% (http://www.economywatch.com/economic-growth/philippines.html)
Esto demuestra una nueva situación en la economía mundial, donde no es necesaria la paz para obtener réditos económicos, simplemente es necesaria una “estabilidad básica” para producir ganancias, a pesar del drama humanos que sufren poblaciones como Bojayá (Colombia) (http://www.ejercito.mil.co/?idcategoria=223369) con la toma que hubo en esa población en el año 2002, Goma (RDC) (http://www.hrw.org/es/news/2009/02/06/dr-congo-groups-fear-civilian-safety) con el llamado de varias organizaciones de derechos humanos en el 2009 para cuidar a la población civil  o el ataque que hubo en el aeropuerto de Davao (Filipinas) en el año 2003 (http://www.foxnews.com/story/0,2933,80167,00.html).
Esto muestra la nueva modalidad en que opera la economía del S.XXI, donde la economía ha encontrado el camino para hacerse a la riqueza, en medio de ambientes de guerras, crisis humanitarias y Estados débiles.

COLOMBIA Vs. RDC



Siempre que estamos en otro país, lo miramos en relación al nuestro. En el caso de República Democrática del Congo esta mucho menos “avanzado” que Colombia. Sin embargo, al conocer un poco más su realidad y sus instituciones cuestiona la noción de desarrollo en términos de economía y de infraestructura.
Saliendo del aeropuerto de Kinshasa (N´Diji) la falta de infraestructura de este país es obvia. No hay andenes donde caminar, solo las calles principales tienen asfalto, no hay semáforos, nadie respeta la vía y mucho menos existe un sistema de transporte público organizado. Llegar a esta ciudad es retroceder en el tiempo más de 30 o 40 años en la capital colombiana. Y aquí aparece el punto de referencia.  “En Bogotá somos mucho más organizados, respetamos las reglas, no hay tanto desorden….es que en comparación a esta ciudad, ¡vivimos en Estocolmo!”.
Los estantes de los supermercados siempre están medio vacíos, la oferta es mínima, no se compra lo que se busca sino lo que se encuentra. Si se quiere  ver una película o simplemente escuchar música, viene el corte de luz, que son muy frecuentes, incluso en el centro de la ciudad (Comunidad La Gombe) que es donde se presta únicamente este servicio. En la temporada de lluvias, después de cada tormenta las calles quedan totalmente inundadas, y no existe alcantarillado.
A pesar del evidente atraso físico que tiene este país en relación a Colombia, existen otros aspectos en los cuales no somos muy distintos. De ahí, mi reflexión acerca del concepto de desarrollo. Pues nunca nadie presenta esta idea en términos de fortaleza y capacidad institucional. En este sentido, el sistema político congolés padece de los mismos males del nuestro. Temas como: la falta equidad de género, el clientelismo, la corrupción, el abuso de poder, la falta de cultura política, la poca consciencia del voto y el constante cambio de las leyes electorales para favorecer los manzanillos regionales, esto, en un contexto de atomización de los partidos políticos, debilidad institucional, una falta importante de legitimidad y representatividad de las instituciones. Hacen de esta república africana, muy parecida a Colombia.
En RDC, esto se materializa en la existencia de 40 ministerios, de los cuales una mínima parte tiene impacto real en la sociedad, lo que refleja un alto número de cuotas burocráticas. De igual manera,  la existencia de 800 partidos políticos, de los cuales 65 hacen parte de coalición de gobierno, haciendo de estas organizaciones grupos totalmente débiles y sin un fin claro.
Produciendo así, una baja gobernabilidad, pues esta sólo se realiza a través de dádivas gubernamentales. Pues la vocación de poder se traduce en un medio de subsistencia y de incrementar la riqueza gracias a los cargos que se pueden llegar a ocupar en el gobierno nacional o en los distintos gobierno provinciales.
A pesar del alto número de instituciones que podrían canalizar las demandas sociales, la población tiene que sobrevivir sus días sin la presencia de las autoridades, la violencia desborda al país en manos de las 5 guerrillas que operan en el este y el ciudadano de a pie debe buscar soluciones en organismos internacionales.
La debilidad institucional también se refleja por medio del actual presidente congolés, Joseph Kabila quien reformó la constitución para perpetuarse en el poder y redujo de 2 a 1 las vueltas de elecciones, para aumentar sus posibilidades de victoria en las próximas elecciones, en las cuales aspirará a su tercer mandato.
Estos temas son discutidos a diario en foros provinciales y nacionales, en la Asamblea Nacional (el órgano legislativo de la RDC), en la Academia y en Centros de Investigación. Sin embargo, no se ha encontrado ninguna solución para esas debilidades, lo que me hace preguntar: ¿Qué tan avanzados estamos nosotros?.
Al otro lado del océano, en Colombia, se siguen los mismos paradigmas que los partidos políticos congoleses, sin necesariamente estar en la misma situación. Esto significa que la dirección que tienen ambos sistemas es la misma, cosa que me preocupa debido al “supuesto” progreso que tenemos frente a estos países.
A pesar que no poseemos un gran número de ministerios, existen cargos que son asignados por el mismo principio: las cuotas. Por ejemplo, las antiguas CAR, donde los nombramientos políticos fueron unas de las principales causas de liquidación,  la asignación de notarías personas cercanas a miembros del Congreso de la República, o las misiones diplomáticas donde curiosamente siempre aparecen hijos, primos, esposas, etc. de personas prominentes de la política colombiana, a pesar de la falta de preparación para estos cargos.
En cuanto a los partidos políticos, siguen el mismo ritmo de los del país africano. Es decir, se acercan al gobierno en la medida que se tenga cuota burocrática, más no por su afinidad ideológica y programática. Como la molestia latente que tiene el Partido Conservador por su poca representación en el gobierno, especialmente, viniendo de 8 años de gran presencia en el ejecutivo.
En el lado de la oposición las cosas no están mejor. Nosotros no tenemos 735 partidos políticos en oposición, pero al igual que en la RDC, no existe una unidad ideológica, ni práctica. El Polo Democrático Alternativo, quien ejerce este rol, poseía dos vertientes muy fuertes (la moderada y la radical), donde finalmente ganó la liderada por Carlos Gaviria,  Jorge Robledo y el MOIR (ala radical); mientras que Gustavo Petro renunció al partido para crear un movimiento más cercano al centro del espectro ideológico. Sin nombrar el desastre de los Hmnos. Moreno.
Colombia, según el gobierno posee altos índices de gobernabilidad. Sin embargo, la realidad presenta otro diagnostico. La guerra en Colombia continúa, con los mismos actores pero con distinto nombre. Los desplazados y poblaciones menos favorecidas siguen buscando por si mismos las soluciones que el Estado no puede suministrar. Aún más, Colombia es el país con mayor número de desplazados después de la República Democrática del Congo. Esto no es sinónimo de una respuesta eficaz de las instituciones a las necesidades de la población.
La debilidad institucional no sólo se refleja en la incapacidad de respuesta, sino que se muestra en el constante cambio de las reglas electorales y políticas. La aprobación de la reelección de Álvaro Uribe, al igual que la de Joseph Kabila muestra una incapacidad de las instituciones de parar los impulsos caudillistas de algunos dirigentes, una falta clara de frenos y contrapesos.
RDC es un país que el año pasado cumplió sus 50 años de independencia, mientras que nosotros tenemos 200 años de vida republicana. ¿Cuál es el avance en la política? O será simplemente que ya los males de la democracia están tan acoplados en nuestro sistema que pareciera dar la imagen de fortaleza institucional. Entonces, ¿Qué tan avanzados somos? ¿El desarrollo se mide sólo por la cantidad de asfalto en las calles? ¿Las instituciones hacen parte del avance de un país? ¿El régimen político es ajeno al progreso de un país? ¿Colombia es tan distinta de la República Democrática del Congo?