viernes, 29 de octubre de 2010

NARCOTRAFICO: UN PROBLEMA DE TODOS


                    
El país tiene una guerra que lleva más de 50 años, que en los últimos 20 se ha basado en el negocio del narcotráfico. Este se ha convertido en la gasolina del conflicto colombiano, que lo único que ha producido son muertes. Alimenta un conflicto que desangra día a día a este pedazo de tierra.

Esto ha calado en los sectores más profundos de la sociedad, donde Pablo Escobar, Alberto Santofimio Botero y los parapolíticos pelean cabeza a cabeza en la lista de horrores públicos de Colombia. Sin nombrar las transacciones financieras que se dan entre miembros de las fuerzas militares y narcotraficantes, o el financiamiento de campañas presidenciales por parte de los carteles de la droga.

Pero esto no sólo se queda en las “altas” esferas, también ha permeado la dinámica social en ciudades como Cali, Pereira o Medellín. Donde la estética y la narco-estética se funden para crear una mezcla entre música norteña y mujer siliconada, produciendo una legión de modelos “mandadas a hacer” y señores cubiertos en joyas y armas. Donde las motos, el “fierro” y el ajuste de cuentas son la única educación que reciben los jóvenes de barrios marginales. 

Tan fuerte es el fenómeno del narcotráfico que contagió la dinámica guerrillera en Colombia. Estos grupos pasaron de admirar al “Che” Guevara y Mao a traficantes, con un discurso revolucionario, que les da una justificación a lo que no tiene justificación. Simplemente se convirtieron en un brazo más del enorme mercado ilícito de las drogas, en todos unos “empresarios” de los narcóticos. Al fin y al cabo, este tráfico funciona con los mismos principios de Wall Street, oferta y demanda.

Actualmente, los antiguos opositores de la guerrilla toman otra máscara con las llamadas Bandas Criminales. Donde simplemente actúan como ejércitos privados que tienen la labor de cuidar el “negocio” de determinados capos, siguiendo la conducta de los antiguos paramilitares. Donde el control regional y social es el temor de las personas, que se demuestra con el silencio.

El entretenimiento colombiano tampoco se queda por fuera de este negocio. El futbol y las novelas se han convertido en expresiones del tráfico de drogas. El primero utilizado para “lavar” el dinero, y el segundo como un medio por el cual emular a estos personajes, recreando sus alegrías, logros y tristezas. Encendiendo más, el deseo de esta sociedad por el dinero fácil. 

El narcotráfico también toma a los colombianos menos favorecidos, quienes de una forma u otra se ven relacionados, estos son:

1. Campesinos: quienes se ven obligados a cultivar hoja de coca ya que es mucho más rentable que producir un cultivo legal. Lastimosamente, la seguridad democrática no ha llegado a estos sectores.
2. Jóvenes: capital humano para el sicariato en Colombia, debido a la falta de oportunidades en las grandes ciudades.
3. Victimas del conflicto: estas personas han perdido sus familias, y sus tierras, por culpa del lucro de unos pocos.

Con lo anterior, se muestra como el narcotráfico esta metido en todos los aspectos de la vida nacional. Y aun así hasta los tuétanos, ¿estamos dispuestos a seguir en esta “War on Drugs”? , ¿la cual sólo ha traído gastos económicos exagerados, víctimas y pobres resultados? ¿Es esta la salida?

El chance que la sociedad colombiana se desnarcotice mediante el uso de la fuerzas es algo prácticamente imposible, se tendría que cambiar completamente la estructura mental del ser colombiano. De ahí la necesidad buscar nuevas salidas al problema del narcotráfico, porque esto ya no es problema de los “malos”, es un problema de las instituciones, de la sociedad civil, de los jóvenes, de las madres cabeza de familia, de la academia, de los medios de comunicación etc…Es un problema colectivo, que requiere una solución igual…colectiva.